domingo, 25 de enero de 2015

Día 7. El porqué de todo.

Día 7

El porqué de todo
Porque de Él, por Él y para él son todas las cosas.
A Él sea la gloria para siempre.

Romanos 11:36 (LBLA)

Toda obra del SEÑOR tiene un propósito.Proverbios 16:4

Todo es para Él.

El objetivo final del universo es mostrar la gloria de Dios. La gloria de Dios es el porqué de la existencia de todo, incluida tu persona. Dios hizo todo para su gloria. Sin la gloria de Dios, no habría nada.

¿Qué es la gloria de Dios? Es Dios. Es la esencia de su naturaleza, el peso de su importancia, el brillo de su esplendor, la demostración de su poder y la atmósfera de su presencia. La gloria de Dios es la expresión de su bondad y todas las demás cualidades intrínsecas y eternas de su persona.

¿Dónde está la gloria de Dios? Observa a tu alrededor. Todo lo que Dios creó refleja, de una u otra manera, su gloria. La vemos en todas partes: desde las formas de vida microscópicas más diminutas hasta la extensión de la Vía Láctea, desde los atardeceres y las estrellas hasta las tormentas y las cuatro estaciones. La creación revela la gloria de nuestro creador. En la naturaleza aprendemos que Dios es poderoso, que disfruta de la variedad, ama la belleza, es organizado, sabio y creativo. La Biblia dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios”.

A través de la historia, Dios ha revelado su gloria a personas en distintas circunstancias. Al principio la reveló en el jardín del Edén, luego a Moisés, después en el tabernáculo y el templo, luego por medio de Jesús, y ahora por medio de la iglesia. Se presentó como fuego consumidor, una nube, truenos, humo y una luz brillante. En el cielo, la gloria de Dios proporciona toda la luz necesaria. La Biblia afirma: “La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina”.

La gloria de Dios se ve mejor en Jesucristo. Él, la luz del mundo, ilumina la naturaleza de Dios. Gracias a Jesús, no estamos más en oscuridad con respecto a lo que Dios realmente es. La Escritura dice: “El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios”. Jesús vino al mundo para que pudiéramos entender cabalmente la gloria de Dios. Su Palabra declara que “aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros, lleno de amor y verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como hijo único recibió del Padre”.

Dios posee una gloria inherente porque es Dios. Es así por naturaleza. No podemos agregar nada a esa gloria, así como tampoco nos sería posible hacer que el sol brillara con más intensidad. El mandamiento que tenemos es que debemos reconocer su gloria, honrar su gloria, declarar su gloria, alabar su gloria, reflejar su gloria y vivir para su gloria. ¿Por qué? ¡Porque Dios se lo merece! Le debemos toda la honra que seamos capaces de darle. Su Palabra afirma: “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas”.

En todo el universo hay sólo dos creaciones de Dios que fallaron en darle gloria; los ángeles caídos (los demonios) y nosotros (las personas). Todo pecado, por naturaleza, es fallar en darle gloria a Dios. Pecar es amar cualquier cosa más que a Él. Negarse a darle gloria a Dios es una rebeldía vanidosa; el pecado que provocó la caída de Satanás y la nuestra también. De distinta manera todos hemos vivido para nuestra propia gloria y no para la de Dios. Su Palabra declara que “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”.

Ninguno de nosotros le hemos dado a Dios toda la gloria que merece de parte nuestra. Este es el peor pecado y el error más grave que podemos cometer. Por otro lado, vivir para la gloria de Dios es el mayor logro que podemos alcanzar en nuestra vida. Debería ser la meta suprema de nuestra vida porque Dios dice que “somos su pueblo, creado par su gloria”.

¿CÓMO PUEDO DAR GLORIA A DIOS?

Jesús le dijo al Padre: “Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera”. Jesús honró a Dios cumpliendo su propósito en esta tierra. Nosotros lo honramos del mismo modo. Cuando algo en la creación cumple con su propósito, eso le da gloria a Dios. Las aves dan gloria a Dios cuando vuelan, trinan, hacen sus nidos y otras actividades propias e las aves según el designio divino. Hasta la humilde hormiguita da gloria a Dios cuando cumple el propósito para el que fue creada. Dios creó a las hormigas para que fueran hormigas, y te creó a ti para que fueras tú. San Ireneo dijo: “¡La gloria de Dios es un ser humano lleno de vida!”

Hay muchas maneras de dar gloria a Dios, pero se pueden resumir en los cinco propósitos de Dios para nuestra vida. En el resto de este libro estudiaremos estas maneras en detalle, pero podemos adelantar ese bosquejo:
Glorificamos a Dios cuando lo adoramos. La adoración es nuestra primera responsabilidad. Adoramos a Dios cuando disfrutamos de su compañía. C.S. Lewin acertó: “Al ordenarnos glorificarlo, Dios nos invita a disfrutar de Él”. Él quiere que nuestra adoración brote del amor, de la gratitud y del gozo, no de la obligación.

Jun Pipera señala: “Cuanto más satisfechos nos sentimos en Él, más glorificamos a Dios”.
La adoración es más que alabanza, canto y oración a Dios. Es un estilo de vida que implica gozar de Dios, amarlo y entregarle nuestra vida para que la use de acuerdo con sus propósitos. Cuando usamos nuestra vida para la gloria de Dios, todo lo que hacemos se convierte en un acto de adoración. La Biblia nos exhorta: “Entréguense a Dios, como personas que han muerto y han vuelto a vivir; y entréguenle su cuerpo como instrumento para hacer lo bueno”.

Glorificamos a Dios cuando amamos a los demás creyentes. Con el nuevo nacimiento nos convertimos en miembros de la familia de Dios. Seguir a Cristo no es sólo cuestión de creer; también implica pertenecer a su familia y aprender a amarla. Juan escribió; “El amor que nos tenemos demuestra que ya no estamos muertos, sino que ahora vivimos”. Pablo dijo: “Acéptense mutuamente, así como Cristo los aceptó a ustedes para gloria de Dios”.

Nuestra segunda gran responsabilidad en esta tierra es aprender a amar como Dios ama, porque Dios es amor, y así lo honramos. Jesús nos dijo que “así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”.

Glorificamos a Dios cuando nos asemejamos más a Cristo. Cuando nacemos en la familia de Dios, él quiere que crezcamos hasta alcanzar la madurez espiritual. ¿Qué significa esto? La madurez especial consiste en pensar, sentir y actuar como lo haría Jesús. Cuanto más desarrollemos nuestro carácter conforme al de Cristo, más reflejaremos la gloria de Dios. La Escritura afirma que “somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor; quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción de su Espíritu en nosotros, cada vez nos parecemos más a Él”.
Dios nos dio una vida y una naturaleza nuevas cuando aceptamos a Cristo. De ahora en adelante, por el resto de nuestra vida sobre esta tierra, Dios quiere continuar el proceso de transformación de nuestro carácter. La Biblia dice que podemos ser “llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Entonces Dios recibirá la gloria.
Glorificamos a Dios cuando servimos a los demás con nuestros dones. Dios nos diseñó a cada uno de nosotros de forma única en cuanto a talentos, dones, habilidades y aptitudes. La manera en que has sido “cableado” no es casual. Dios no te dotó de aptitudes para propósitos egoístas. Cuentas con estas facultades para beneficio de otros, así como las otras personas cuentan con aptitudes para tu beneficio. La Biblia dice que “cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas... el que presta algún servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios. Así Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo”.

Glorificamos a Dios cuanto les testificamos a los demás. Dios no quiere que su amor y sus propósitos sean un secreto. Una vez que conocemos la verdad, espera que la comuniquemos a los demás. ¡Qué gran privilegio! Podemos presentarles a Jesús, ayudarles a descubrir su propósito y prepararlos para la eternidad. La Biblia afirma que a medida que “la gracia... está alcanzando a más y más personas... (abunda) la acción de gracias para la gloria de Dios”.

Vivir el resto de tu vida para la gloria de Dios requiere cambios en tus prioridades, en tus planes, en tus relaciones, en todo. Algunas veces implicará el camino difícil en lugar del fácil. Incluso Jesús tuvo que luchar contra esto. 

Cuando sabía que muy pronto habrían de crucificarlo, exclamó: “Ahora todo mi ser está angustiado, ¿y acaso voy a decir: “Padre, sálvame de esta hora difícil?” ¡Si precisamente para este propósito he venido! ¡Padre, glorifica tu nombre!”.Jesús estaba en un cruce de caminos. ¿cumpliría su propósito y glorificaría a Dios o se retractaría para tener una vida cómoda y egocéntrica? Te enfrentas a una decisión similar. ¿Vivirás para alcanzar tus propias metas, la comodidad y el placer o para la gloria de Dios, sabiendo que Él te prometió recompensas eternas? La Biblia dice: “el que se aferra a su vida tal como está, la destruye; en cambio, si la deja ir... la conservará para siempre, real y eterna”.
Es hora de definir este asunto. ¿Para quién vivirás? ¿Para ti o para Dios? Jesús te dará todo lo que necesites para vivir para Él. No te preocupes. Dios te proveerá de todo lo necesario si decides vivir para él. La Biblia dice que “todo lo que implica una vida que agrada a Dios nos ha sido dado por milagro, al permitirnos conocer, personal e íntimamente, a Aquel que nos invitó a Dios”.

Ahora mismo, Dios te invita a vivir para su gloria, cumpliendo los propósitos para los que te creó. En realidad, es la única manera de vivir. Todo lo demás es mera existencia. La verdadera vida comienza con el compromiso absoluto con Jesucristo. Si no estás seguro de haberlo hecho, lo único que necesitas hacer es aceptarlo y creer: La Biblia promete: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”. ¿Aceptarás el ofrecimiento de Dios?

Primero: cree. Cree que Dios te ama y que te creó para sus propósitos. Cree que no eres un ser nacido por accidente. Cree que te crearon para durar para siempre. Cree que Dios te eligió para que tuvieras una relación con Jesús, quien murió en la cruz por ti. Cree que, sin importar lo que hayas hecho, Dios quiere perdonarte.

Segundo: acéptalo. Acepta a Jesús como tu Señor y Salvador. Acepta el perdón de tus pecados. Acepta su Espíritu, que te dará poder para cumplir el propósito de tu vida. La Biblia dice que “el que acepta y confía en el Hijo, participará de todo, tendrá una vida plena y para siempre”. Dondequiera que te encuentres leyendo esto, te invito a inclinar tu cabeza, y susurrar la oración que cambiará tu destino eterno:”Jesús, creo en ti y te acepto”. Vamos, hazlo ahora mismo.Si tu oración fue sincera, ¡felicidades! ¡Bienvenido a la familia de Dios! Ahora estás listo para comenzar a descubrir y vivir el propósito que Dios tiene para tu vida. Te animo a que se lo comentes a alguien. Necesitarás apoyo.

DÍA SIETE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Todo es para Él.
Versículo para recordar: “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre”. Romanos 11:36 (LBLA)
Pregunta para considerar: ¿Dónde puedo estar más consciente de la gloria de Dios en mi diario vivir?

sábado, 24 de enero de 2015

Día 6 La vida es una asignación temporal.

Día 6

La vida es una asignación temporal
Señor, recuérdame cuán breve es mi tiempo sobre la
tierra. Recuérdame que mis días están contados y
que mi vida se acaba.
Salmo 39:4 (BAD)

Estoy de paso en este mundo.

Salmo 119:19 (PAR)
La vida en la tierra es una asignación temporal.

La Biblia está llena de metáforas que enseñan la naturaleza de lo breve, temporal y transitorio de la vida terrena. La vida se describe como un vapor; uno que corre rápido, un soplo de aliento y un rastro de humo. La Escritura declara: “Nosotros nacimos ayer... nuestros días en este mundo son como una sombra”.

Para hacer buen uso de tu vida nunca debes olvidar dos verdades: Primero, la vida, comparada con la eternidad, es extremadamente breve. Segundo, la tierra es tan sólo una residencia temporal. No vas a estar aquí por mucho tiempo, así que no te apegues demasiado. Pídele a Dios que te ayude a ver la vida en la tierra a través de sus ojos. David oró: “Dios mío, hazme saber cuál será mi fin, y cuánto tiempo me queda de vida; hazme saber cuán corta es mi vida”.

La Biblia compara constantemente la vida en la tierra con vivir en un país extranjero. Este no es tu hogar permanente o tu destino final. Estás aquí de paso, visitando la tierra. La Biblia emplea términos como extranjero, peregrino, advenedizo, extraño, visitante y viajero para describir nuestra corta estadía en la tierra. El salmista dijo: “Estoy de paso en este mundo” y Pedro explicó que: “Si tú llamas Padre a Dios, vive tu tiempo en esta tierra como si estuvieras de paso”.

Vivo en California, donde muchas personas de todas partes del mundo se han mudado para trabajar, aunque mantienen la ciudadanía de sus respectivos países. Se les pide que lleven consigo una tarjeta de residencia (conocida como “green card”), que les permite trabajar aquí aunque no sean ciudadanos. Los cristianos deberíamos llevar “tarjetas verdes” (“green cards”) espirituales para recordarnos que nuestra ciudadanía está en los cielos. Dios afirma que sus hijos deberían pensar sobre la vida de una manera muy distinta a la de los no creyentes. “Sólo piensan en lo terrenal. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Señor Jesucristo”. Los verdaderos creyentes saben que la vida es mucho más que los pocos años que vivimos sobre este planeta.

Tu identidad está en la eternidad y tu patria es el cielo.
Cuando entiendas esta verdad dejarás de preocuparte por “tenerlo todo” en la tierra. Dios es muy tajante en cuanto al peligro de vivir para el momento, adoptando los valores, prioridades y estilos de vida del mundo que nos rodea. Coquetear con las tentaciones de este mundo es lo que Dios llama adulterio espiritual. La Biblia destaca: “¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios”.

Imagina que tu país te pidiera que fueras embajador en una nación enemiga. Tendrías que aprender un idioma nuevo y adaptarte a algunas costumbres y diferencias culturales para poder ser cortés y cumplir tu misión. Siendo embajador no podrías aislarte de tu enemigo. Para poder cumplir con tu misión, tendrías que estar en contacto e identificarte con ellos. Supongamos que te adaptas tanto a ese país extranjero que te llega a gustar mucho y lo prefieres a tu patria. Tu compromiso y lealtad cambiarían. Comprometerías tu papel de embajador. En lugar de representar a tu país estarías actuando como el enemigo. Serías un traidor.

La Biblia afirma que “somos embajadores de Cristo”.Tristemente hay muchos cristianos que han traicionado a su Rey y a su reino. Han llegado a la necia conclusión de que esta tierra es su hogar porque viven en ella. Y no es así. La Palabra de Dios es muy clara en esto: “Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida”. Dios nos advierte que no nos aferremos mucho a lo que está a nuestro alrededor porque es temporal. Se nos advierte que “los que disfrutan las cosas de este mundo, (vivan) como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer”.

En comparación con otros siglos, nunca ha sido tan fácil vivir como se vive hoy en el mundo occidental. Actualmente somos bombardeados con toda clase de entretenimientos, diversiones y la complacencia de todos nuestros gustos personales. Hoy en día con todos los fascinantes entretenimientos de los que estamos rodeados, lo cautivador de los medios informativos y todas las cosas nuevas que existen para explorar nuevas experiencias, es fácil olvidar que la vida no consiste en la búsqueda de la felicidad. Sólo cuando recordamos que la vida es una prueba, un fideicomiso y una asignación temporal, es que el enamoramiento con estas cosas pierde el dominio sobre nuestras vidas. Nos estamos preparando para algo mejor. “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.

El hecho de que la tierra no sea nuestra última morada explica por qué nosotros, como seguidores de Jesús, pasamos dificultad, sufrimiento y rechazo en este mundo. También se explica por qué algunas de las promesas de Dios parecieran inconclusas, algunas oraciones sin respuesta y algunos sucesos aparentar ser injustos. Aquí no acaba la historia.

Para evitar que nos aferremos demasiado a esta tierra, Dios permite que experimentemos algún grado de incomodidad y tristeza en nuestras vidas, o sea, anhelos que nunca serán satisfechos de este lado de la eternidad. ¡No somos completamente felices aquí, porque no se supone que lo seamos! La tierra no es nuestro hogar final; hemos sido creados para algo mucho mejor.
Un pez nunca podría sentirse bien viviendo en la tierra, porque fea creado para el agua. Un águila no se sentiría realizada si no se le permitiera volar. Nunca te sentirás completamente satisfecho en la tierra porque fuiste creado para algo más. Tendrás momentos felices aquí, pero nada comparado con lo que dios tiene planeado para ti.

Darte cuenta de que la vida en la tierra es tan sólo una misión temporal, debiera cambiar radicalmente tus valores. Los valores eternos, no los temporales, deben ser los factores determinantes que influyan en tus decisiones. Así es como lo observó C.S. Lewis: “Todo lo que no sea eterno es eternamente inútil”. La Biblia dice: “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.
Es un error trágico dar por sentado que el objetivo de Dios para tu vida es la prosperidad material o el éxito popular como el mundo lo define. La vida abundante nada tiene que ver con la abundancia material, y la fidelidad a Dios no garantiza el éxito en una carrera ni en el ministerio. Nunca te concentres en coronas temporales.

Pablo fue fiel, y sin embargo, terminó en la cárcel. Juan el Bautista fue fiel y lo decapitaron. Millones de fieles han sido martirizados, lo han perdido todo o han llegado al ocaso de sus días sin nada material. ¡Pero el fin de la vida no es el final!

A los ojos de Dios, los grandes héroes de la fe no son los que han logrado prosperidad, éxito y poder en esta vida, sino aquellos que la ven como una asignación temporal y sirven fielmente, esperando su recompensa en la eternidad. La Biblia dice lo siguiente del Salón de la Fama de Dios: “Todas esas personas murieron sin haber recibido las cosas que Dios había prometido; pero como tenían fe, las vieron de lejos, y las saludaron reconociéndose a sí mismos como extranjeros de paso por este mundo... Pero ellos deseaban una patria mejor; es decir; la patria celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de ellos, pues les tiene preparada una ciudad”. Tu vida en la tierra no es toda la historia de tu existencia. Debes esperar llegar al cielo para el resto de los capítulos. Se requiere fe para vivir en la tierra como un extranjero.

Un antiguo relato cuenta de un misionero que al jubilarse volvía a su casa en los Estados Unidos en el mismo barco en que viajaba el presidente de esa nación. La algarabía de la muchedumbre, una banda militar, una alfombra roja, pancartas y los medios de comunicación, le dieron la bienvenida al presidente, mientras que el misionero desembarcaba sin notoriedad alguna. Sintiendo lástima de sí mismo, y con resentimiento, comenzó a quejar con Dios. Entonces el Señor le dijo con ternura: “Pero hijo mío, tú aún no has llegado a casa”.

No llegarás a casa, hasta dos segundos antes que solloces: “¿Por qué le di tanta importancia a las cosas que eran temporales? ¿En qué estaba pensando? ¿Por qué perdí tanto tiempo, esfuerzo e interés en algo que no iba a durar?”
Cuando la vida se pone difícil, cuando te embarga la duda y cuando te cuestionas si vale la pena sacrificarse viviendo para Cristo, recuerda que aún no has llegado a casa. En la muerte no dejarás tu hogar, más bien irás a casa.

DÍA SEIS

PENSANDO EN MI PROPÓSITO


Punto de reflexión: Este mundo no es mi hogar.
Versículo para recordar: “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.
2º Corintios 4:18 (NVI)
Pregunta para considerar: ¿Cómo debería cambiar mi manera de vivir hoy, el hecho de que la vida en la tierra es sólo una asignación temporal?

viernes, 23 de enero de 2015

Día 5. La vida desde la perspectiva de Dios.

Día 5

La vida desde la perspectiva de Dios.

¿Qué es tu vida?
Santiago 4:14 (NVI)

No vemos las cosas como son, las vemos
De acuerdo con nuestro modo de ser.
Aniñáis Ni

La manera en que ves tu vida forma tu vida.

La manera en que definas tu vida determina tu destino. Tu manera de ver las cosas influirá en cómo empleas tu tiempo, tu dinero, tus talentos y cómo valoras tus relaciones.

Una de las formas de entender a los demás es preguntándoles: “¿Cómo defines tu vida?”; te darás cuenta de que hay tantas respuestas diferentes, como tantas sean las personas a las que les preguntes. Me han dicho que la vida es como un circo, un campo de minas, una montaña rusa, un rompecabezas, una sinfonía, un viaje y un baile. La gente afirma: “La vida es un carrusel. Unas veces estás arriba y otras abajo y a veces das vueltas y vueltas”, o “La vida es una bicicleta de diez velocidades, y algunas nunca las usamos”, o “La vida es un juego de cartas y tienes que jugar la mano que te den”.

Si te pidiera que dibujaras un cuadro de tu vida, ¿qué imagen te vendría a la mente? Esa imagen es una metáfora de tu vida. Es la manera de ver la vida que has tenido, consciente o inconscientemente. Es tu propia descripción de cómo funciona la vida y qué esperas de ella. La gente expresa a menudo la perspectiva de sus vidas en la forma de vestir, las joyas, los automóviles, los peinados, los adhesivos en los parachoques e incluso los tatuajes. Tu perspectiva silente influye en tu vivir más de lo que te imaginas. Ella determina tus expectativas, tus valores, tus relaciones, tus metas y tus prioridades. Por ejemplo, si crees que la vida es una parranda, entonces tu valor primordial en la vida será pasarla bien. Si ves la vida como una carrera, le darás valor a la velocidad y es posible que siempre andes deprisa. Si ves la vida como una maratón, la perseverancia será valiosa para ti. Si la vida para ti es un deporte o una batalla, ganar será lo importante.

¿Cuál es tu visión de la vida? Es muy posible que bases tu vida en una imagen errónea. Para poder cumplir los propósitos de Dios tiene para ti, tendrás que cuestionar la sabiduría común y sustituirla por enfoques bíblicos de la vida. La Escritura declara: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación (cambio) de la su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios”.

La Biblia nos ofrece tres enfoques o metáforas que nos enseñan qué es la vida desde la perspectiva de dios. La vida es una prueba, un fideicomiso y una asignación temporal. Estas ideas son la base de una vida con propósito. Le echaremos un vistazo a las primeras dos en este capítulo y a la tercera en el próximo.

La vida en la tierra es una prueba. Esta metáfora de la vida se ve a través de los relatos bíblicos. Dios prueba una y otra vez el carácter, la fe, la obediencia, el amor, la integridad y la lealtad de las personas. Términos como tribulaciones, tentaciones, refinaciones y purificaciones se repiten más de doscientas veces en la Biblia. Dios probó a Abraham, cuando le pidió que le ofreciera a su hijo Isaac. También a Jacob cuando tuvo que trabajar más años de lo previsto para ganarse a Raquel como esposa.
Ni Adán ni Eva pasaron la prueba en el jardín del Edén; también David falló en varias ocasiones. La Biblia nos da un sinnúmero de ejemplos de personas que pasaron la prueba, entre ellos, José, Rut, Ester y Daniel.

El carácter se desarrolla y manifiesta por medio de las pruebas; la vida en sí, toda, es una prueba. Siempre serás probado. Dios observa constantemente tu reacción con la gente, los problemas, los éxitos, los conflictos, la enfermedad, el desaliento e ¡incluso el tiempo! Él está pendiente hasta de las cosas más simples, como cuando le abres la puerta a otra persona, cuando recoges una basura del suelo o cuando eres cortés con alguien que te atiende.

No conocemos todas las pruebas que Dios nos da, pero podemos anticipar algunas por lo que nos dice su Palabra. Serás probado mediante cambios drásticos, promesas retrasadas, pruebas difíciles, oraciones no contestadas, críticas inmerecidas e incluso tragedias sin sentido. He podido comprobar en mi propia vida cómo Dios prueba mi fe en los problemas, cómo prueba dónde está mi esperanza al ver cómo uso mis posesiones, y cómo prueba mi amor a través de las personas.

Una prueba muy importante consiste en ver cómo actúas cuando no puedes sentir la presencia de Dios en tu vida. A veces dios se aleja intencionalmente y no sentimos su cercanía. Un rey llamado Exequias pasó por esta prueba. La escritura dice: “Dios se retiró de Ezequías para probarlo y descubrir todo lo que había en su corazón”. Ezequías había disfrutado de una relación muy cercana con dios pero en un momento crucial de su vida el Señor se apartó de él para probar su carácter y revelar una debilidad, a fin de prepararlo para una responsabilidad mayor.

Cuando entiendes que la vida es una prueba, te das cuenta de que nada es insignificante para ti. Aun los percances más pequeños tienen significado para el desarrollo de tu carácter. Cada día es importante y cada segundo es una oportunidad para hacer crecer y profundizar tu carácter, para demostrar amor y depender de Dios. Algunas pruebas parecen abrumadoras y otras ni siquiera las sientes. Pero todas ellas tienen implicaciones eternas.

Lo bueno es que Dios desea que sobrepases las pruebas de la vida, y él nunca permite que las que enfrentas sean mayores que la gracia que él te otorga para sobrellevarlas. La Escritura dice: “Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, Él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”.
Cada vez que superas una prueba, Dios toma nota y hace planes para recompensarte en la eternidad. Santiago dice: “Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman”.

La vida en la tierra es un fideicomiso. Esta es la segunda metáfora bíblica de la vida. Nuestro tiempo en la tierra, nuestro ímpetu, inteligencia, oportunidades, relaciones y recursos son todos dones que dios nos ha confiado para cuidar y administrar. Somos mayordomos de todo lo que Él nos da. Este concepto de mayordomía comienza cuando reconocemos que Dios es el dueño de todos y de todo en la tierra. La Biblia afirma: “Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan”.
La verdad es que no poseemos nada en nuestra breve estadía en la tierra. Dios nos presta la tierra mientras estamos aquí. Era propiedad de Dios antes que llegaras y se la prestará a otro cuando mueras. La llegas a disfrutar por un tiempo.

Cuando Dios creó a Adán y a Eva, les entregó el cuidado de su creación y los nombró administradores de su propiedad. La Escritura dice: “Y les dio su bendición: “Tengan muchos, muchos hijos; llenen el mundo y gobiérnenlo; dominen a los peces y a las aves, y a todos los animales que se arrastran””.
El primer trabajo que Dios les dio a los humanos fue administrar y cuidar las “cosas” de Él en la tierra. Este papel nunca ha sido abolido. Es parte de nuestro propósito. Todo aquello que disfrutemos debemos tratarlo como un encargo que dios ha puesto en nuestras manos. Su Palabra dice: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?”.
Unos años atrás, una pareja nos permitió, a mi esposa y a mí, quedarnos en su preciosa casa de playa en Hawai para unas vacaciones. Era una experiencia que nosotros mismos no habríamos podido costear, así que la disfrutamos muchísimo. Nos dijeron: “Úsenla como si fuera suya”, ¡y así lo hicimos!. Nadamos en la piscina, comimos lo que había en el refrigerador, usamos las toallas y la vajilla, y ¡hasta saltamos en las camas! Pero supinos en todo momento que en realidad no era nuestra, así que tuvimos un cuidado especial de todo. Disfrutamos de los beneficios de usar la casa sin poseerla.

Nuestra cultura dice: “Si no es tuyo, no lo cuides”. Pero los cristianos vivimos bajo otra norma: “Como Dios es el dueño, tengo que cuidarlo lo mejor que pueda”. La Biblia afirma: “A los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza”. Jesús, en muchas ocasiones, se refirió a la vida como un encargo que se nos ha entregado, y narró muchas historias para ilustrar esta responsabilidad hacia Dios. En el relato de los talentos, un hombre de negocios confía sus riquezas a sus siervos. Al regresar, evalúa la responsabilidad de cada siervo y los recompensa equitativamente. El dueño dice: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”

Al fin de tu vida en la tierra serás evaluado y recompensado de acuerdo con la manera en que uses lo que Dios te confió. Eso significa todo lo que hagas. Hasta las tareas más simples tienen repercusión eterna. Si todo lo tratas como un encargo, con responsabilidad, Dios promete tres recompensas en la eternidad. La primera, Dios te dará su aprobación y te dirá: “¡Buen trabajo, bien hecho!” Segundo, se te dará un ascenso y una responsabilidad mayor en la eternidad: “Te pondré a cargo de muchas cosas”. Entonces serás honrado con un festejo: “Ven y comparte la felicidad del Maestro”.

Mucha gente no logra darse cuenta de que el dinero es ambas cosas, una prueba y un fideicomiso, de Dios. Dios usa las finanzas para enseñarnos a confiar en Él, y para mucha gente, el dinero es la prueba más grande de todas. Dios observa cómo lo usamos para probar qué tan confiables somos. La Biblia dice: “Si ustedes no han sido honrados en el uso de las riquezas mundanas, ¿quién les confiará las verdaderas?”

Esta es una verdad muy importante. Dios dice que hay una relación directa entre el uso de mi dinero y la calidad de mi vida espiritual. La manera en que utilice mi dinero (riquezas mundanas) determinará cuántas bendiciones espirituales me puede confiar Dios (las verdaderas riquezas). Permíteme preguntarte: ¿Será que la manera en que manejas tu dinero está evitando que Dios pueda obrar más en tu vida? ¿Se te pueden confiar riquezas espirituales?
Jesús declaró: “A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más” La vida es una prueba y en encargo, y cuanto más Dios te da, más responsable espera que seas.
DÍA CINCO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO


Punto de reflexión: La vida es una prueba y un fideicomiso.
Versículo para recordar: “El que es honesto en lo poco, también lo será en lo mucho”.
Lucas 16:10 (NVI)
Pregunta para considerar: ¿Qué me ha ocurrido recientemente que ahora veo que era
una prueba de Dios? ¿Cuáles son las cosas más grandes que Dios me ha confiado?

jueves, 22 de enero de 2015

Día 4. Creados para vivir por siempre.

Dia 4

Creados para vivir por siempre
Dios... ha plantado eternidad
En el corazón de los hombres.
Eclesiastés 3:11 (BAD)

¡Seguramente Dios no hubiera creado un ser como el
hombre para que sólo existiera por un día!
No, no, el hombre fue creado para la inmortalidad, 
Abraham Lincoln

Esta vida no lo es todo.
 
La vida aquí en la tierra es sólo el ensayo antes de la verdadera actuación. Estarás mucho más tiempo al otro lado de la muerte, en la eternidad, que aquí. La tierra es el escenario, la escuela primaria, el ensayo para tu vida en la eternidad. Los ejercicios, el entrenamiento antes del partido, el trote de calentamiento antes de que la carrera empiece. Esta vida es el preámbulo de la venidera.
En la tierra, como máximo, vivirás cien años; pero en la eternidad vivirás para siempre. Tu vida en la tierra es como dijera Sir Thomas Browne: “Sólo un pequeño paréntesis en la eternidad”. Fuiste creado para vivir por siempre.

La Biblia afirma: “Dios... ha plantado eternidad en el corazón de los hombres”. Tienes un instinto innato que anhela la inmortalidad. La razón de esto es que Dios te hizo a su imagen para vivir eternamente. Aunque sabemos que todos hemos de morir, la muerte siempre parece injusta e ilógica. ¡Pensamos que deberíamos vivir para siempre por la sencilla razón de que Dios ha implantado eso en nuestros cerebros!

Tu corazón dejará de palpitar en algún momento. Eso determinará el fin de tu cuerpo y tus días en la tierra, pero no será el fin de tu ser. Tu cuerpo terrenal es una simple residencia temporal para tu espíritu. La Biblia llama al cuerpo terrenal una “tienda de campaña”, y a tu futuro cuerpo una “casa”. Las Escrituras dicen: “Si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas”.

La vida terrenal nos brinda muchas opciones, pero la eternidad sólo nos da dos: el cielo o el infierno. Tu relación con Dios en la tierra determinará el tipo de relación que tendrás con él en la eternidad. Si aprendes a amar y a confiar en Jesucristo, el Hijo de Dios, tendrás la invitación para estar toda la eternidad con Él. Por otro lado, si rechazas su amor, perdón y salvación, pasarás la eternidad apartado de dios para siempre.

C.S. Lewis dijo: “Hay dos tipos de personas: los que le dicen a Dios “Sea hecha tu voluntad” y aquellos a quienes Dios les dice: “Muy bien, entonces, hágase tu voluntad”. Tristemente, muchas personas tendrán que pasar la eternidad sin Dios porque eligieron vivir sin Él en la tierra.
Una vez que comprendes que la vida es más que vivir el aquí y ahora, que es una preparación para la eternidad, entonces comienzas a vivir de una manera diferente. Cuando vives a la luz de la eternidad, tus valores cambian, y eso te da la pauta de cómo manejar toda relación, tarea y circunstancia. De repente muchas de las actividades, metas, incluso problemas, que parecían muy importantes, se tornarán triviales, pequeños e insignificantes, como para que les prestes atención. Cuanto más te acercas a Dios, más pequeñas se ven las cosas.

Tus valores cambian cuando vives a la luz de la eternidad. Haces uso de tu dinero y de tu tiempo de una forma más sabia. Le das un valor mucho más alto a las relaciones y al carácter, que a la fama, a la fortuna o a los logros. Reordenas tus prioridades. Estar al día con la moda, los estilos y el que dirán, ya no tiene importancia. Pablo dijo: “Todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo”.

Si toda tu vida consistiese sólo del tiempo que estarás sobre la tierra, te sugeriría que comenzaras a vivirla de inmediato. Podrías olvidarte de ser bueno y de hacer lo correcto, y quizás no tendrías que preocuparte por las consecuencias de tus actos. Podrías darte el gusto de dedicarte completamente a ti mismo porque a la larga tus actos no tendrían repercusión alguna. Ahora bien, y este es el meollo del asunto, ¡la muerte no es tu fin!. La muerte no es tu acabose, más bien es tu transición a la eternidad; de manera que hay consecuencias eternas por todo lo que hagas en la tierra. Todo acto en nuestras vidas toca alguna cuerda que vibrará en la eternidad.

El aspecto más dañino de la vida contemporánea es la mentalidad a corto plazo. Para aprovechar tu vida al máximo debes mantener en mente la visión de la eternidad y el valor de la misma en tu corazón. ¡La vida es mucho más que vivir sólo el momento! El hoy es la parte visible del témpano, la eternidad es el resto que no puedes ver porque está debajo de la superficie.
¿cómo será la eternidad con Dios? En realidad, nuestra capacidad mental no puede imaginar toda la maravilla y la grandeza celestial. Sería como tratar de explicarle la Internet a una hormiga. Es inútil. Aún no se han inventado las palabras que puedan transmitir la experiencia de la eternidad. La Biblia dice: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman”.

Ahora bien, Dios nos ha dado algunos destellos de la eternidad en su Palabra. Sabemos que en este instante prepara un hogar eterno para nosotros. Nos volveremos a encontrar en el cielo con seres queridos que eran creyentes, seremos libres de todo dolor y sufrimiento, recompensados por nuestra fidelidad en la tierra y reasignados para trabajar en algo que nos agrade. ¡No estaremos acostados flotando en las nubes tocando el arpa! Disfrutaremos de una relación ininterrumpida con Dios, y a su vez él disfrutará de nosotros por siempre, sin límites y sin fin. Algún día Jesús dirá: “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo”.
C.S. Lewis plasmó el concepto de eternidad en las últimas páginas de su serie de ficción para niños, Las crónicas de Narran: “Para nosotros, este es el fin de todas las historias... mas para ellos fue el comienzo de la verdadera historia. La vida de ellos en este mundo... ha sido tan sólo el título y la portada: y ahora por fin comenzarán el primer capítulo de la gran historia que nadie ha leído en la tierra y continuará para siempre, y cada capítulo es mejor que el anterior”.

Dios tiene un propósito para tu vida en la tierra, pero no termina aquí. Su plan comprende mucho más que unas cuantas décadas que pasarás en este planeta. Es mucho más que la “oportunidad única de la vida”; Dios te ofrece una oportunidad más allá de tu vida. La Palabra de Dios dice: “Pero Dios cumple sus propios planes, y realiza sus propósitos”.

La única ocasión en que la gente piensa en la eternidad es en los funerales, y suele ser de una manera superficial; ideas sentimentales basadas en la ignorancia. Quizás pienses que sea morboso pensar en la muerte, pero en realidad es contraproducente vivir negándola y no considerar lo que es inevitable. Sólo un necio puede andar por la vida sin prepararse para lo que todos sabemos que debe ocurrir. Debes pensar más en la eternidad, no menos.

De la misma manera que estuviste nueve meses en el vientre de tu madre sin ser esto un fin en sí mismo, sino una preparación para la vida, así es esta vida, una preparación para la otra. Si tienes una relación con Dios por medio de Jesucristo, no debes temer a la muerte, que es la puerta a la eternidad. Sería la última hora de tu vida en la tierra, pero no el fin de tu ser. En lugar de ser el fin de tu vida, será tu cumpleaños en la vida eterna. La Biblia afirma: “Amigos, este mundo no es su hogar, así que no se acomoden en él. No complazca a su ego a expensas de su alma”.

Cuando medimos nuestro tiempo en la tierra, comparado con la eternidad, es como un abrir y cerrar de ojos, pero las consecuencias del mismo duran para siempre. Las obras de esta existencia son el destino de la otra vida. Debemos pensar que: “Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del Señor”.

Hace años un popular slogan motivaba a la gente a vivir cada día: “Este es el primer día del resto de tu vida”. En realidad, sería más sabio vivir cada día como si fuese el último. Matthew Henry acertó: “La responsabilidad de cada día debiera ser prepararnos para nuestro día final”.

DÍA CUATRO.

PENSANDO EN MI PROPÓSITO.

Punto de reflexión: La vida es mucho más que vivir el momento.
Versículo para recordar: “El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. 1º Juan 2:17 (NVI)
Pregunta para considerar: Ya que fui creado para vivir para siempre, ¿qué debería dejar de hacer, y qué debiera comenzar a hacer hoy?

miércoles, 21 de enero de 2015

Día 3. ¿Qué guía tu vida?.

Dia 3



¿Qué guía tu vida?
Vi además que tanto el afán como el éxito
en la vida despiertan envidias.
Eclesiastés 4:4 (NVI)

El hombre sin propósito es como un barco
sin timón, un soplo, nada, nadie.
Thomas Carlyle.

Todos tenemos algo que guía nuestras vidas.

Los diccionarios definen el verbo guiar como “mover, conducir o empujar”. Sea que conduzcas un automóvil, claves algo o golpees una pelota de golf, eres tú quien guía, empuja o mueve ese objeto en ese instante. ¿Qué es lo que guía tu vida?

Quizás lo que te guía en estos momentos sea un problema, un plazo o una exigencia. Puede que seas guiado por un mal recuerdo, un temor constante o una costumbre involuntaria. Hay cientos de circunstancias, razones y sentimientos que guían tu vida. A continuación te presento los cinco más comunes:
A muchos los guía la culpa. Se pasan toda la vida huyendo de sus errores y ocultando su vergüenza. Quienes cargan culpas son controlados por sus recuerdos. Permiten que su futuro sea controlado por su pasado. Sin darse cuenta, se castigan a sí mismos, saboteando sus propios logros. Cuando Caín pecó, su culpa lo separó de la presencia de Dios, y el Señor le dijo: “en el mundo serás un fugitivo errante” . Eso describe hoy a la mayoría de la gente: va por la vida sin propósito alguno.


Somos el resultado de nuestro pasado, pero no tenemos que ser prisioneros del mismo. El propósito de Dios no está sujeto a tu pasado. Él, que convirtió a un asesino llamado Moisés en un líder y a un cobarde llamado Gedeón en un héroe valiente, también puede hacer cosas increíbles con lo que te queda de vida. Dios es experto en dar borrón y cuenta nueva a la gente. La Biblia dice: ¡Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo”.
A muchos los guía la ira y el resentimiento. Se aferran a heridas que nunca logran superar. En vez de sacarse el dolor por medio del perdón, lo repiten una y otra vez en sus mentes. Los que viven motivados por el resentimiento se “enclaustran” e interiorizan su ira; otros “estallan” y explotan ante los demás. Ambas reacciones son dañinas e inútiles.


El resentimiento siempre te daña más a ti que a la persona con la que estás resentido. Mientras la persona que te ofendió quizás olvide la ofensa y siga su vida, tú continúas hirviendo de dolor, perpetuando el pasado.
Escucha bien: Los que te hicieron daño en el pasado no pueden seguir haciéndotelo a menos que te aferres al dolor por medio del resentimiento. ¡Lo pasado, pasado está! Nada lo podrá cambiar. Te estás haciendo daño a ti mismo con tu amargura. Por tu propio bien, aprende de todo eso y libérate. La Biblia dice: “Entregarse a la amargura o a la pasión es una necedad que lleva a la muerte”.
A muchos los guía el temor. Sus temores pueden ser el resultado de una experiencia traumática, de falsas expectativas, de haber sido criados en un hogar de disciplina rígida o incluso de una predisposición genética. Cualquiera que fuere la causa, las personas condicionadas por el temor pierden oportunidades porque temen aventurarse a emprender cosas. Van a lo seguro, evitando riesgos y tratando de mantener el statu quo.
El temor es un tipo de cárcel que tú mismo te impones, impidiéndote llegar a ser lo que Dios desea que seas. Debes reaccionar contra eso con las armas de la fe y el amor. La Biblia dice: “La persona que ama no tiene miedo. Donde hay amor no hay temor. Al contrario, el verdadero amor quita el miedo. Si alguien tiene miedo de que Dios lo castigue, es porque no ha aprendido a amar”.


A muchos los guía el materialismo. El deseo de adquirir se convierte en la meta principal de sus vidas. Este deseo de querer siempre más se basa en la idea equivocada de que cuanto más tengas serás más feliz, más importante y vivirás más seguro, pero los tres conceptos son erróneos. Las posesiones sólo proveen felicidad temporal. Como las cosas no cambian, tarde o temprano nos aburrimos de ellas, entonces queremos otras nuevas, más grandes y más modernas.


No deja de ser un mito eso de que “Cuanto más tenga, más importante soy”. Cuánto valemos como personas y cuánto valemos por lo que tenemos no es lo mismo. No se puede determinar cuánto vales por las cosas que posees y Dios dice que ¡las cosas más valiosas en la vida no son los bienes que posees!
El mito más común respecto al dinero en que cuanto más tengas, más seguro estarás. No es así. Se pueden perder las riquezas por muchas razones que están fuera de tu control. La verdadera seguridad se fundamenta sólo en algo que no te pueden quitar: tu relación con Dios.


A muchos los guía la necesidad de ser aceptados. Permiten que las expectativas de sus padres, cónyuges, profesores o amistades controlen sus vidas. Muchos adultos siguen tratando de ganarse la aceptación de sus padres, a quienes es imposible agradar. A otros los guía la presión de los amigos, preocupándose siempre por el “qué dirán”. Tristemente, aquellos que siguen al mundo, por lo general se pierden en él.


Desconozco todas las claves del éxito, pero tratar de agradar a todo el mundo es una de las claves del fracaso. Ser influenciado por la opinión de los demás te garantiza perder los propósitos de Dios para tu vida. Jesús dijo: “Nadie puede servir a dos señores”.


Hay otras influencias que pueden guiar tu vida, pero todas terminan en un callejón sin salida. Por ejemplo: potencial sin poder usarlo, estrés innecesario y una vida vacía.


Esta jornada de cuarenta días te enseñará a llevar una vida con propósito: una vida guiada, controlada y dirigida por los propósitos de Dios. Nada es más importante que conocer los propósitos de Dios para tu vida, y nada puede compensarte el no conocerlos; ni siquiera el éxito, la riqueza, la fama o los placeres. Sin un propósito, la vida es una marcha sin sentido, un movimiento sin dirección y sucesos sin motivos. La vida sin propósito es trivial, insignificante e inútil.

BENEFICIOS DE UNA VIDA CON PROPÓSITO
 
Hay cinco grandes beneficios de vivir una vida con propósito:

DÍA TRES:

¿QUÉ GUÍA TU VIDA?

Conocer tu propósito da sentido a tu vida. Fuimos creados para tener significado. Por esa razón los métodos que utiliza la gente para encontrarlo, como la astrología o los síquicos, son absurdos. Cuando la vida tiene sentido puedes soportar cualquier cosa. Cuando no lo tiene resulta insoportable.
Un joven de veinte y tantos años escribió: “Siento que soy un fracaso porque intento llegar a ser algo, pero no sé que es. Sólo he aprendido a vivir resolviendo con lo necesario. Algún día, si descubro mi propósito, me sentiré como si comenzara a vivir”.


Sin Dios la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido. La vida sin sentido no tiene significado ni esperanza. Muchos que no tenían esperanza lo expresaron así en la Biblia. Isaías se quejó diciendo: “En vano he trabajado; he gastado mis fuerzas sin provecho alguno”. Job dijo: “Mis días se acercan a su fin, sin esperanza, con la rapidez de una lanzadera de telar” ; y también: “Tengo en poco mi vida; no quiero vivir para siempre. ¡Déjenme en paz, que mi vida no tiene sentido!”. La tragedia más terrible no es morir, sino vivir sin propósito.


La esperanza es tan esencial para tu vida como el aire y el agua. Necesitas tener esperanza para poder salir adelante. El Dr. Bernie Siegel descubrió que podía diagnosticar cuál de sus pacientes con cáncer podía sentir cierto alivio en el rigor de su enfermedad al preguntarle: “¿Quisiera vivir y llegar a los cien años?” Los que tenían un propósito claro y definido respondían afirmativamente y eran los que tenían más probabilidades de sobrevivir. Tener esperanza es el resultado de tener un propósito.


Si te has sentido desmoralizado, ¡hay esperanza! Experimentarás cambios positivos en tu vida al empezar a vivirla con propósito. Dios dice: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes... planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. Quizás sientas que estás encarando una situación imposible, mas la Biblia dice: “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir; por el poder que obra eficazmente en nosotros”.


Conocer tu propósito simplifica tu vida. Esto define lo que haces o lo que dejas de hacer. Tu propósito se convierte en el patrón que usarás para evaluar qué cosas son esenciales y cuáles no. Formúlate la pregunta: Esta actividad que voy a realizar, ¿me ayudará a cumplir los propósitos de Dios para mi vida?
Sin un propósito definido no tienes fundamento alguno en qué basar tus decisiones, distribuir tu tiempo y usar tus recursos. Entonces tomarás decisiones basadas en las circunstancias, en las presiones y el estado anímico del momento. Los que no entienden su propósito suelen esforzarse demasiado; y eso causa estrés, cansancio y conflicto.


Es imposible que logres hacer todo lo que los demás quieren que hagas. Sólo tienes tiempo para hacer la voluntad de Dios. Si no logras terminarlo todo, significa que estás haciendo más de lo que Dios quiere que hagas (o quizás estás viendo demasiada televisión). Vivir con propósito nos lleva a un estilo de vida más sencillo y a un plan de actividades más saludable. La Biblia afirma: “Hay quien pretende ser rico, y no tiene nada; hay quien parece ser pobre, y todo lo tiene”. Te lleva también a tener tranquilidad: “Al de propósito firme guardarás en perfecta paz, porque en ti confía”.
Conocer tu propósito enfoca tu vida. Esto hace que dirijas todo tu esfuerzo y energía a lo que es importante. Te conviertes en una persona efectiva al ser selectivo.
Es natural que las cosas sin importancia nos distraigan. Jugamos a “la ruleta rusa” con nuestras vidas. Henry David Thoreau observó que la gente vive una vida de “desesperación silenciosa”, pero hoy una descripción más exacta sería, una distracción sin propósito. Muchas personas se asemejan a los giroscopios que giran con rapidez sin dirigirse a ningún lugar.


Sin un propósito claro, seguirás cambiando de dirección, de trabajo, de relaciones, de iglesia y muchas cosas más, esperando que cada cambio pueda resolver la confusión o llenar el vacío de tu corazón. Piensas: “Esta vez quizás sea diferente”, pero eso no resuelve tu verdadero problema, es decir, la carencia de enfoque o propósito. La Biblia dice: “No sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor”.


El poder de enfoque puede apreciarse con la luz. Un haz difuso tiene poco poder o impacto, pero puedes enfocarlo mejor concentrando su energía. Los rayos del sol, con la ayuda de una lupa, pueden ser dirigidos para quemar papel u hojarasca. Cuando la luz es enfocada aún más, como rayos láser, puede atravesar el acero.


No hay nada tan impactante como una vida centrada, vivida con propósito. Los hombre y mujeres que han hecho las más grandes diferencias en la historia, han sido personas con un enfoque bien definido. Por ejemplo, el apóstol Pablo propagó el cristianismo casi solo por todo el Imperio Romano. Una vida enfocada era su secreto. Él dijo: “Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y esforzándome por alcanzar lo que está delante”.


Si deseas que tu vida impacte, ¡enfócala! Ya deja de titubear. No trates de hacerlo todo. Haz menos. Tienes que deshacerte aun de buenas actividades y concentrarte en hacer lo más importante. Nunca confundas actividad con productividad. Puedes estar ocupado sin propósito alguno, y ¿de qué sirve? Pablo dijo: “Aquellos que queremos todo lo que Dios tiene, mantengámonos enfocados en la meta”.


Conocer tu propósito estimula tu vida. El propósito siempre produce entusiasmo. No hay nada que dé tanto ímpetu como tener un propósito claro. Por otro lado, el entusiasmo se disipa por falta de propósito. El simple hecho de levantarse de la cama se convierte en una tarea ardua. Por lo general, es el trabajo sin propósito, no el excesivo, el que nos acaba, nos deja sin fuerzas y nos roba el gozo.


George Bernard Shaw escribió: “Esta es la verdadera felicidad de la vida: ser usado para un propósito y poder reconocer su supremacía; ser una fuerza de la naturaleza en lugar de algo inconstante, un saco de males y lamentos, siempre quejándose de que el mundo no se ha dado a la tarea de hacerlo a uno feliz”.


Conocer tu propósito te prepara para la eternidad. Muchos se dan a la tarea de emplear toda su vida en crear en la tierra un legado duradero. Quieren que se les recuerde después de muertos. Pero al final, lo más importante no es lo que otros dicen de tu vida, sino lo que Dios diga. Muchos no se dan cuenta de que todos los logros personales son superados tarde o temprano; las marcas se rompen, la reputación se desvanece y los homenajes se olvidan. La meta de James Dobson en la universidad era llegar a ser campeón de tenis. Se sintió orgulloso cuando pusieron su trofeo en un lugar prominente de la vitrina de exhibición. Años después alguien se lo envió. Lo habían encontrado en un depósito de basura cuando estaban renovando el edificio universitario. James exclamó: “Cuando pase el tiempo, ¡alguien tirará a la basura todos tus trofeos!”.
Vivir para dejar un legado terrenal es una meta que revela muy poca visión. El uso más sabio de tu tiempo es que edifiques un legado eterno. No fuiste puesto en la tierra para ser recordado, sino para prepararte para la eternidad.


Llegará el día que estarás ante Dios; Él hará un inventario de tu vida, un examen final antes de que entres en la eternidad. La Biblia declara: “¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios!... Así que cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios”. Afortunadamente, Dios desea que todos pasemos este examen; por eso nos ha dado las preguntas con anterioridad.


 Al leer la Biblia podemos imaginar que Dios nos planteará dos preguntas decisivas;
Primero: ¿Qué hiciste con mi Hijo Jesucristo? Dios no cuestionará tu trasfondo religioso ni tu inclinación doctrinal. Lo único que tendrá relevancia será si aceptaste lo que Cristo hizo por ti y si aprendiste a amarlo y a confiar en él. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida... Nadie llega al Padre sino por mí”.
Segundo: ¿Qué hiciste con lo que te entregué? ¿Qué hiciste con tu vida, dones, talentos, oportunidades, dinamismo, relaciones y recursos que Dios te dio? ¿Lo gastaste todo en ti mismo o lo usaste para los propósitos para los que Dios te creó?
El objetivo de este libro es prepararte para estas dos preguntas. La primera determinará dónde pasarás la eternidad. La segunda determinará qué harás en ella.
Al concluir este libro, estarás listo para responder ambas preguntas.

DÍA TRES.

PENSANDO EN MI PROPÓSITO


Punto de reflexión: Vivir con un propósito es el camino a la paz.
Versículo para recordar: “Al de propósito firme guardarás en perfecta paz, porque en
ti confía”.
Isaías 26:3 (PAR)
Pregunta para considerar: ¿Cuál, podrían decir mi familia y amigos, es la fuerza que mueve mi vida? ¿Cuál quiero yo que sea?